Pasaron
pocos minutos para que el cielo tomara un calor negruzco que engullía a la luna
que nos había vigilado, mientras mi Capitán retrocedía en el tiempo a mi lado.
El
viento formaba olas que no hacían pasar al presente indiferente. Ahora la
embarcación no las acariciaba, sino que se estrellaba contra ellas.
Mientras
la taza de aquel café temblaba vacía sobre aquel plato, miles de gotas de agua
buscaban cobijo en nuestra ropa y cabello.
Mi
Capitán intuía que el temporal empeoraría, cogió el cuaderno de abordo que había atesorado durante tantos años y donde todo
aquello que me había contado, estaba plasmado como anticipo de lo que aún me
quedaba por conocer de su vida.
Cuando
el Capitán se disponía a coger el timón, un vaivén en el presente tiró la taza
al suelo rompiéndola en mil pedazos.
La
lluvia se acentuaba, haciéndose la protagonista del momento, cada vez con más
intensidad.
El
mar estaba oscuro, enfurecido, nosotros éramos su punto de mira.

.jpg)
.jpg)



+copia.jpg)
.jpg)
.jpg)








.jpg)
.jpg)

.jpg)