Aquella mañana, como de
costumbre, permanecí junto a la ventana, erguida sobre mí misma. Como todos
los días, observaba cómo un día comunicaba a otro y una noche a otra, mi
retina podía percibir cómo el agua del mar se mecía sin rumbo fijo. Los
pájaros, picoteaban mi ventana y nada más lejos de unos minutos, revoloteaban a
los árboles más antiguos de mi jardín. El viento
soplaba tan fuerte, que
ordenaba a las flores que se mecieran a su antojo.
El sol despuntaba a lo lejos, asomándose tímidamente al horizonte de la playa,
El sol despuntaba a lo lejos, asomándose tímidamente al horizonte de la playa,
iluminaba mi rostro y todo lo
que mi retina alcanzaba a ver, podía notar que su
calor aún era leve, apenas
estaba amaneciendo el nuevo día.
Sin pensármelo dos veces y
tras contemplar el ecuánime espectáculo, salí de
mi habitación sigilosamente
para no despertar a papá ni a mi Nana, dormían
plácidamente. Mi instinto me
guió a la parte trasera de la casa, exactamente a
las cuadras, Niebla estaba
allí, mirándome e incitándome a montarla.
Cerré los ojos con fuerza y
dejé caer levemente las palmas de mis manos hacia
delante, apoyándolas así en
su costado, su piel estaba cálida y confortable.
Miré detenidamente la silla
de montar, yacía tirada en el suelo, con la ilusión
de experimentar nuevas
sensaciones, descarté la posibilidad de usarla. Niebla
me miró, animándome así a
sacarla de la cuadra definitivamente, los cascos
resonaban en el suelo de
piedra, un dos, un dos, un dos… Caminaba junto a
ella, intentando marcar su
paso, la combadura de su costado chocó con mi
grueso suéter haciéndome
sentir el calor de su cuerpo. Niebla apoyó sus
primeros pasos ante el nuevo
día que nos aguardaba, di un pequeño salto para
cruzar mis piernas sobre su
lomo, para ella, al igual que para mí, era una
sensación extraña sentirse
montada al desnudo. Tenía solo treinta meses,
estaba en lo más sagrado del
rito, el momento en el que un caballo decide si
será dócil o rebelde,
valiente o cobarde, rápido o lento, tranquilo o nervioso…
Presioné el costado de mi
yegua levemente con mi pie izquierdo, ésta,
comenzó a dar sus primeros
pasos. La potranca no estaba herrada, el sonido de
sus cascos era completamente
sordo, insuficiente para excitar a nadie, ni
siquiera a papá, seguía
invadido por el sueño que la noche anterior lo había
visitado.
A medida que nos alejábamos
de la cuadra, sentía mucho más frío, mi
estremecimiento era debido a
la brisa del nordeste, empezaba a soplarme por
la espalda, sin embargo,
cuanto más frío sentía mi cuerpo, más intenso era el
calor que percibía de Niebla,
un calor que me hacía sentir parte del animal.
Presioné mis talones e incité
a Niebla al galope.
- ¡Vamos Niebla!- le exclamé.
Ésta, obedeció con un gruñido
satisfecho, galopaba más ágil que con la
montura y el bocado, solo
tenía que inclinarme hacia la derecha o izquierda
para que marcara
perfectamente las curvas.
Me adentré con Niebla hacia
la playa, se encontraba frente a mi casa, las dos
nos sentíamos completamente
libres.
Las olas que producía el agua
del mar, nos hacían partícipes de su presencia,
rozaban la piel de Niebla
animándola a galopar con más intensidad que al
principio, Niebla relinchaba
haciéndome ver que la experiencia también
merecía la pena para ella. El
chapoteo de sus cascos en el agua atravesaban las
fronteras de mis sentidos. La
brisa soplaba fuertemente sobre mi cuerpo, me
permitía saborear el viento
agridulce, acariciarlo con la punta de los dedos,
mis ojos, mi boca, mis
labios…..
El ruido de las olas marcaba
el paso de Niebla, la sensación de plenitud nos
embargaba a ambas.
De regreso hacia la cuadra,
acariciaba el cuello de Niebla, era como acariciar
mi propia piel, podía
contemplar como la luz grisácea de la mañana comenzó
a desaparecer, estaba dando
paso a los tonos rojizos del sol que se mostraban
ya al descubierto, la brisa
cesó.
-¡So!- le ordené.
Niebla obedeció poco a poco
hasta que se detuvo, bajé de la yegua firmemente
y dándole un leve palmetazo
en el muslo, emprendió sola el camino de regreso
al interior de la cuadra, una
vez dentro, volvió a mirarme a los ojos,
haciéndome ver la complicidad
que existía entre ambas.
Subí rápidamente a mi cuarto
simulando que acababa de levantarme, comencé
mi usual ducha con agua
bastante tibia, deslicé mis manos impregnadas de
jabón sobre mi cuerpo, con la
misma delicadeza con la que acariciaba el lomo
de Niebla, durante unos
instantes observaba como cambiaba mi temperatura,
el agua que provenía del
grifo cesó. Salía una columna de humo de mi piel,
mientras tanto, mis sentidos
quedaban perdidos en la nada. Presioné mi cuerpo
intermitentemente con la
toalla, me sequé solo parcialmente, me vestí con las
primeras prendas que cayeron
al abrir las puertas de mi armario y como todos
los días, bajé a desayunar
con papá como si nada hubiese sucedido.
Un pie tras otro, me dirigí a
la cocina para saludar a mi Nana, ella había sido
la Nana de mi madre, ahora
era la mía, se había convertido en una parte de mí,
no concebía la existencia de
un solo día sin saludarla, para mí no era un
simple protocolo, de ello
dependía que tuviese un día bueno o malo. Allí
estaba, con sus cabellos
largos de color oscuro, la camisa le chorreaba por la
cintura escondiendo su
figura, sus ojos eran iluminados por los rayos de sol
que atravesaban la ventana.
Volteó su cara sobre mí, vi en sus ojos un brillo
húmedo, éste, se exageraba al
tiempo que iba avanzando hacia ella, retuve la
respiración por un instante,
dejé que mis labios carnosos sintieran el contacto
físico con su mejilla
derecha, Nana me devolvió el beso como cada mañana.
Mi relación con ella era tan
especial que ni siquiera con la belleza del lenguaje
puede describirse.
Siempre he pensado que los
mejores sentimientos; NO SE DICEN, SINO
QUE SE SIENTEN, eso era lo
que hacía con todo lo que mi interior
engendraba hacia ella,
sentirlo, empaparme de ello intentando disfrutarlo al
máximo, aunque a veces, una
parte de mí le pidiese muestras de su cariño
propiciando situaciones para
que me besara.
Con distinta ilusión pero no
por ello menos importante, me dirigí al salón a
desayunar con papá, allí
estaba, sentado en su sillón preferido, el mismo que
mamá le adjudicó tras su
adquisición, con su inconfundible sonrisa en los
labios, preparando mi
descafeinado, al cual añadía de tres a cuatro cucharadas
de azúcar tal y como a mí me
gustaba.
- ¡Buenos días papá! – asentí besándole en la
mejilla más cercana a mi boca.
Su barba estaba apareciendo,
pude sentir como pinchaba en mis labios
estimulándolos.
- Bajaste cinco minutos tarde, Laura – me
contestó con una mirada picarona
que se cruzó a mitad de
camino con la mía.
- Sí, tienes razón papá, me asomé a la
ventana de mi habitación, perdí mi
vista junto a la noción del
tiempo contemplando el mar, ya sabes papá, el mar
me apasiona.
Disfrutando del desayuno,
decidí acompañar a papá a su trabajo, tenía una
consulta veterinaria en el
pueblo, a unos tres kilómetros de casa, yo no tenía
definido claramente mi futuro
profesional y de vez en cuando le acompañaba.
Me encantaba ver con la delicadeza
que papá trataba a los animales que
desfilaban por su consulta,
aún así, me intranquilizaba el dolor por el que
distintas especies tenían que
pasar, cada vez que una especie entraba a la
consulta de papá, había
padecido o iba a padecer algún dolor, y eso me ponía
de mal humor.
Aún así, aquel día le
acompañé, quería matar el tiempo que afortunadamente
me sobraba y de paso,
aprender algunas técnicas de papá. Tras un día agotador
por la falta de pacientes
animales, regresé a casa un poco antes que él, me
encantaba pasear gozando de
la naturaleza, a papá le estremecía mucho más el
sonido ronco del motor de su
coche, era algo en lo que afortunadamente, no
coincidíamos. Me sentía viva
al entrar en contacto directo con la naturaleza,
gracias a mis paseos lo
conseguía.
Mientras caminaba, sentía
como la noche florecía, eran sonidos limpios pero
cansados, las voces de los
pájaros tenían un tono descendente, una campana
lejana daba sus últimas
gracias al día extinguido. Por el contrario, los sonidos
de la mañana crecían, se
aceleraban, las voces de los pájaros resonaban con
más nitidez, como si el aire
fuese un espejo en el que reflejara su eco a cada
momento. Para mi forma de ver
la vida, el amanecer es como sentir una fuerza
extraña en los pies, es una
ilusión diferente a la del día anterior, es una meta,
un compromiso conmigo misma,
una necesidad de mejorar en gran medida lo
que he realizado, percibido,
o expresado antaño. Mientras el anochecer, me
proporciona un fuerte peso en
el pecho, es dar todo lo que no hice por perdido,
es aceptar que el día que ha
pasado no lo he vivido como si hubiese sido el
último de mi vida, es la
angustia de saber que me queda menos tiempo para
realizar cada vez más cosas.
Estaba llegando a mi casa,
cuando a lo lejos, donde el camino se confunde con
las sombras de la noche, dos
luces avanzaban a pequeños saltos acompañadas
del ruido monótono de un
motor, un minuto más tarde pude distinguir a mi
padre acercándose con su
coche hacia mí, no más allá de ese momento, supe
una vez más lo que papá se
perdía, nunca pudo sacrificar su regreso a casa en
coche.
Tras cenar, subí a mi
dormitorio, y recostándome suavemente sobre mi cama,
mi imaginación buscaba la
cola del cometa fugaz de la inspiración, soñaba
con los ojos bien abiertos,
quería encontrar un torrente de palabras capaz de
conmover al mundo, soñaba con
serle útil a la naturaleza, y ¿por qué no?, a
mis ilusiones también.
Me quedé en silencio conmigo
misma, mientras soñaba despierta logré
quedarme dormida, mi
búsqueda, quedó varada a la orilla de mis ilusiones.
A la mañana siguiente,
amanecí extrañamente contenta aunque, no tenía claro
lo que me proporcionaba tal
sensación, mi corazón latía apresuradamente,
augurando la posibilidad de
un día magnífico.
Bajé de nuevo a desayunar con
papá, de pronto, la puerta de casa retumbaba,
parecían una decena de
tambores apareados, el llamador de la puerta nos
ofrecía su melodía inquieta.
Papá se levantó, dejó caer el
peso de su cuerpo sobre sus piernas y con pasos
largos y firmes, se dirigió
hacia la puerta, mientras tanto yo seguía moviendo
ligeramente mi café.
Bastaron unos segundos para
que papá volviese al salón, portaba un sobre en
su mano.
-¿Quién es? – pregunté.
- El cartero – me confirmó.
Era una carta certificada,
procedía de la ciudad y el remitente era mi primo
Javier. Era un poco raro
recibir noticias suyas, hacía más o menos nueve años
que no sabíamos nada de él.
- ¡Chicos de la ciudad! – exclamó papá,
dejando el sobre encima de la
mesa, junto a las tostadas
que había preparado Nana.
Presa de la curiosidad, cogí
el sobre y lo abrí dando por concluido mi
desayuno.
En la parte delantera, su
inscripción decía así; “Para tío Fran”, en la parte
posterior, aparecían sus
datos personales.
Busqué un solo motivo para no
haber recibido noticias suyas en todo este
tiempo, lo único que me
asaltó fue que quizás la ciudad era capaz de borrar el
pasado de los seres humanos.
Recordé vagamente mi niñez junto a mi primo,
aún notaba mis piernas
temblar cuando hacíamos carreras ascendiendo a la
colina de la parte trasera de
la casa, recordaba cuanto se ilusionaba por
cualquier cosa al igual que
yo. En mi cabeza golpeaba la imagen de cuando
subíamos al acantilado,
tirábamos piedras al agua del mar para ver quien de
los dos era capaz de
lanzarlas más lejos. La luz de la mañana atravesando la
ventana hacía que mi pelo
brillara. Sentía nostalgia por aquellos tiempos.
Nerviosa pero decidida, abrí
la carta de Javier.
Querido
tío:
Sé
que a veces la distancia actúa como una barrera en medio de dos vidas
similares,
como
bien sabes, viajé a la ciudad buscando un sentido para seguir hacia delante,
gracias
a esa decisión apresurada logré huir de mi pasado, aunque ello no
implicaba
borrarlo. A mi viaje he de agradecer el haber conocido a Carla, mi
esposa.
Te hago participe de que a su lado viví intensamente feliz, tal vez hubiese
seguido
siéndolo, pero hace mes y medio que me abandonó, hizo el viaje más largo
de
toda su vida, un viaje definitivo al cuál nadie estaba invitado, allí donde la
frontera
del tiempo se rompe y el recuerdo queda dormido.
Su
muerte ha cambiado mi vida por completo, ha roto mis esquemas aún más, que
cuando
la conocí.
Puedo
sentir que estos edificios, las calles, los coches y el trabajo, me están
asfixiando
cada vez más, aún estando desnudo, el dolor de su pérdida presiona mi
garganta
privándome de respirar libremente. He decidido viajar a mi pueblo natal,
aún
no estoy preparado para volver a mi casa, me gustaría que me acogieras en la
tuya
temporalmente. Créeme, no veo otra salida a mi situación, aquí los recuerdos
me
golpean a cada paso.
Llegaré
la semana que viene.
PD:
dale un beso muy fuerte a Laura de mi parte, sé que su compañía me
ayudará.
Besos, Javier.
Papá quedó perplejo al
escuchar de mi voz la noticia, Carla había muerto,
sabía que Javier era muy
reservado para sus cosas, pero no imaginaba hasta
que punto.
Doblé la carta por la misma
arruga que tenía, la guardé con el sobre del que
procedía dándosela a papá.
Salí a dar una vuelta, ya notaba la presencia de
Javier a cada paso, habíamos
pasado juntos gran parte de nuestra infancia y
esos recuerdos azotaban mi
mente. Por otro lado, me imaginaba lo mal que lo
estaría pasando por la
perdida de su esposa, apenas llevaban tres años casados,
aunque parece mucho tiempo,
me imaginaba que cuando se ama de verdad el
infinito es poco tiempo.
Mi imaginación buscaba su
físico exacto, por mi mente pasaban a intervalos
de tiempo reducidos una
especie de diapositivas, en ninguna de ellas era capaz
de aproximarme. Cuando dejé
de verle apenas era un niño travieso con la
cabeza llena de pájaros,
siempre vestía con chándal y zapatillas deportivas,
rociaba su pelo cada mañana
con gomina para mantenerlo húmedo, sus ojos
eran azules y a medida que
iba creciendo se esclarecían, no era mi prototipo
de chico aunque, nos
queríamos a rabiar, tanto, que de mutuo acuerdo nos
considerábamos hermanos.
Regresé a casa, mi largo
paseo me llevó hasta la hora del almuerzo, sin
embargo, aún no había sido capaz
de imaginarme su físico actual.
Al entrar observé la silla de
papá, estaba vacía, la casa estaba silenciosa, según
me dijo mi Nana se había
marchado minutos después de mi salida.
Subí a mi habitación y decidí
escribirle una carta contestando la suya, aunque
lógicamente no se la
mandaría. Javier estaba de camino hacia el pueblo, mi
carta no llegaría a tiempo.
Abracé el bolígrafo con mis dedos, animándome así
a dedicarle unas palabras:
Querido Javier:
Papá y yo estamos encantados con
tu regreso, aunque nos hubiese gustado que
volvieses por circunstancias
lejanas a la muerte de Carla.
Pienso que tienes razón en volver
al pueblo, tal vez la compañía que te aportemos te
sirva de algo, ojalá te ayude a
dejar atrás los malos momentos que tuviste que
afrontar solo, suponemos que no ha
sido nada fácil para ti. Aunque nos hayas
buscado en estos malos momentos,
estamos orgullosos de que lo hayas hecho.
Quiero que sepas que sea cuál sea
el motivo de tu regreso, estamos ansiosos por
verte.
Aprovecho para darte el pésame por
la muerte de Carla, y desearte buen viaje.
Laura
Apenas solté el bolígrafo en
el lapicero de mi escritorio, arrugué el papel que
acababa de escribir y acto
seguido lo tiré a la papelera. Sentía una necesidad
enorme de montar a Niebla,
aprovechando que papá no estaba decidí buscarla,
a él le intranquilizaba que
saliera sola a montarla, aún así, confiaba ciegamente
en las dos.
-¡Vamos Niebla! –exclamé.
La saqué de la cuadra al
galope, tanto, que cortaba el viento a su paso. De
camino a la colina, las
praderas a ambos lados estaban cuajadas de pequeñas
flores de color violáceo. A
medida que el sol se declinaba, su color cambiaba
a tonos rosas. Bordeamos los
dos robles enormes y allí estaba, “el manantial”,
el tiempo se detuvo para mí y
creo que para Niebla también, tras desmontarla
muy despacio, se acercó al
manantial para saciar su sed, el sudor resbalaba por
su cuerpo como el aceite
resbala en el agua, se echó en el borde y embriagada
por el ronroneo del agua, se
relajó.
Yo me quité la ropa y me
lancé al agua, estaba helada, mi cuerpo se encogió
por el cambio de temperatura,
mi entusiasmo era tan grande que no me
importaba el agua fría.
Nadé hasta el cansancio en el
sitio preferido donde a mi primo le gustaba
nadar, el eco de nuestras
risas inocentes no cesaban en aquel lugar.
Me vestí y emprendí la marcha
de regreso a casa, ya estaba anocheciendo y
papá llegaría de un momento a
otro.
Los días iban pasando, yo no
podía olvidar mi infancia junto a Javier, las
ganas de reencontrarme con él
eran cada vez mayores.
La semana fue sumamente larga
para mí, el reloj de mi impaciencia marcaba
las horas hacia atrás, hasta
que por fin llegó el esperado encuentro.
Eran casi las doce del medio
día, los perros de mi casa anunciaban la llegada
de un extraño, salí corriendo
a la puerta y a lo lejos divisé un taxi amarillo, se
detuvo delante de mí y la
puerta delantera se abrió, aunque, yo solo miraba de
reojo, mi vista no se
apartaba de la puerta trasera.
El señor que conducía el taxi
se apresuró a la puerta trasera para abrirla, un
hombre totalmente diferente
al chico travieso de unos años atrás, se disponía a
bajar del taxi dejándome
francamente impresionada. Lucía su pelo anillado y
largo, su color era mucho más
claro al de entonces, sus ojos seguían siendo de
color azul, su cuerpo había
alcanzado una perfección diferente, vestía camisa
roja, traje de chaqueta
oscuro y zapatos clásicos, su perfume era envolvente,
definitivamente, desconocía
al hombre que estaba frente a mí.
-Me tiré a su cuello como en los viejos
tiempos.
-¡Javier!- le grité entusiasmada.
-¡Laura!- me contestó.
Era evidente que ambos
habíamos quedado impresionados, yo tampoco era la
misma chica de entonces. Mis
cabellos eran mucho más largos, su color
oscuro como el misterio, no
había desaparecido. Mi cuerpo formaba varias
curvas, como la costa frente
al mar, mis pechos eran como la colina donde
subíamos de niños a disfrutar
de una compañía mutua y de la fuerza de la
naturaleza.
El brillo de nuestros ojos
era evidente, su brillo tal vez, fuese debido a la
emoción de encontrarse con su
familia, era consciente de que nada sería como
antes para él, la vida le
estaba permitiendo reencontrarse con el pasado. En
cambio, mi brillo era debido
a los sentimientos que me unían a él, siempre he
pensado que lo único que no
se puede borrar de nuestra mente, es la infancia.
-Ven Javier, estarás cansado del viaje.
-Bueno, en realidad sólo un poco.
- Papá no ha llegado aún, estoy segura de
que no tardará, quién está
deseando verte, es Nana, ¿la
recuerdas?
-¿Bromeas?, como podría olvidarme de ella,
sobre todo de sus artes
culinarias, Nana siempre ha
sido para ambos, la madre que
desafortunadamente nos faltó.
Nana se alegró mucho al ver a
Javier de nuevo, tanto como Javier al verla a
ella, creo que la emoción del
recuentro nos invadió a todos por igual.
Javier se sentó junto a la
ventana del salón, dejó que su vista se perdiera en el
horizonte sin darse cuenta,
de pronto, se reencontró con el mar.
-Laura, me gustaría, tal vez…
No dejé que acabara, quería
que le acompañara.
-¡Vamos!, Papá aún tardará un poco y el mar
también está ansioso de verte.
Me apresuré hacia la orilla
del mar acompañando a Javier, quedó inmóvil ante
la tranquilidad de las olas,
varias veces, miró al cielo acompañando su vista
con la sonrisa de sus labios,
por momentos su sonrisa se iba acrecentando y
sin dejar de mirar al cielo,
comenzó a confiar en la vieja amiga que me
consideraba.
>> Laura, a Carla le
encantaba el mar, cuando nos íbamos de vacaciones a la
playa, era verdaderamente
feliz.
Desgraciadamente, en París la
belleza de la naturaleza está escondida por
miles de edificios, puentes y
monumentos como la Torre Eiffel. París,
descansa a las orillas del
Río Sena, nada que ver con el agua del mar o del
manantial, el aire aquí es
limpio, libre, allí esta contaminado por miles de
coches, es atrapado a cada
esquina, en cada calle, no puede circular
libremente. El clima de la
ciudad es húmedo, con bastante niebla y lluvia, lo
cuál, nos exime de la
presencia de la luz del sol, del calor acogedor del sol.
Carla siempre decía, que no
tiene nada que ver lo natural con lo artificial, ella
sabía, que vivir en París era
vivir artificialmente, puesto que el trabajo, el
ritmo acelerado de nuestras
vidas, era sumiso al estrés. Al irnos de vacaciones
aparecía nuestro “yo”
interno, aparecía la realidad, era la etapa en la que nos
conocíamos y nos aceptábamos
interiormente. Carla siempre decía que era un
hombre sencillo y maravilloso,
por eso vine al pueblo, para poder descubrir en
mí lo que ella vio hace mucho
tiempo, para aceptarme a mi mismo, tal y como
un día me aceptó ella. Ahora
que Carla dejó mi corazón mas vacío, me
gustaría cobijarme en mi ser,
en mi forma de pensar, de actuar, me gustaría ser
mi mejor amigo, solo yo sé
como me siento en estos momentos y he de
entenderme y escucharme.
<<
Quedé impresionada con la
conversación de Javier, sin parar de mirar sus ojos
humedecidos, embriagados por
la nostalgia de la ausencia de su esposa, me
animé a contestar a su
relato:
-Sí Javier, Carla amaba la naturaleza igual
que la amas tú, si aprendes a
dejar que tu mente flote en
ella a su antojo, la tranquilidad natural que te
aportará, te ayudará a
encontrarte. Yo intentaré ayudarte, aunque no puedo
prometerte nada, sé, que la
muerte de Carla es una señal, una salida a tu “yo”
interno, ¿te das cuenta?,
viniste al pueblo “el punto”, y como su propio
nombre indica, te ayudará a
encontrar el punto de partida de tu nueva vida.
Al mismo tiempo que Javier me
abrazaba, se atrevió a confesarme cuánto me
había extrañado. Volvimos
paseando hasta la casa, el calor de su mano me
estremecía, comprendí que
Javier me inspiraba ternura y sensibilidad, se había
perdido en un tramo de su
vida que no sabía cómo afrontar, estaba siendo
vulnerable al cariño,
condicionado a la soledad que sentía por la perdida de su
esposa.
Me sentía atraída por él, no
solo por su físico, sino por su forma de ser, de
amar, por su sensibilidad,
por el brillo de sus ojos al hablar de Carla, por sus
ganas de salir hacia delante.
Sin saber cómo, había pasado del cariño de la
infancia, a algo más
complejo, estaba entusiasmada por sus virtudes y aunque
aún no había visto ningún
defecto suyo, estaba segura de que también me
gustarían. Nunca había estado
enamorada de nadie, por lo tanto, no sabía si lo
estaba ahora, lo cierto es
que cuando tranquilizaba mi ansiedad acariciando
estas sensaciones poco
comunes en mí, me sentía dichosamente feliz, ni
siquiera montar a Niebla era
tan gratificante para mí. La llegada de Javier
estaba cambiando mi vida
parcialmente, llenando mi mente de ilusiones y
posibilidades.
Comimos durante una hora,
papá no reprochó ni una sola vez a Javier su falta
de comunicación con nosotros
mientras vivía en la capital, hablamos durante
toda la comida sobre su
trabajo, su estado de ánimo, pero ni una sola palabra
de la muerte de Carla, no
teníamos ni idea de como murió, ni por qué, aunque
a decir verdad, carecía de
importancia, el resultado era que Javier nos
necesitaba y nosotros
estábamos dispuestos a ayudarle.
Nana hizo gala de sus dotes
de cocinera, preparó una paella exquisita, a Javier
y a mí nos encantaba de
niños, hubiese apostado cualquier cosa a que Javier
no la probaba desde entonces,
se relamía a cada cucharada. El cariño de Nana
hacia nosotros era evidente,
puedo decir muy orgullosa, que a su lado la
ausencia de mamá era más
fácil.
>> A menudo, Nana me
hablaba de mamá, de cuando estaba embarazada de
mí, era tan inocente e
ingenua como una niña, cualquier cosa le hacía ilusión,
siempre estaba muy
contenta, sus ojos radiaban de alegría y su optimismo era
mayor por momentos. Soñaba
con tener una niña a la que llamar Laura, a ella
le encantaba el laurel,
Nana aseguraba que tenía que echar laurel a todas las
comidas apenas quedó
embarazada. El laurel que papá plantó en el jardín
cuando se casaron, era su
lugar de reflexión, mamá iba junto a él y bajo sus
hojas, pensaba
gustosamente en cómo sería mi llegada al mundo, compartía
con él mis primeras
patadas, bajo su sombra se impacientaba cada día por
conocer mi rostro. Nana me
contó, que mamá era una gran luchadora, se
esforzó durante todo el
embarazo porque el bienestar de su futuro bebé fuese
estupendo a pesar de que
el cansancio, los vómitos y las complicaciones que
este tuvo, cada vez se
hacían mayores. Desafortunadamente, en el último
momento todo se complicó
demasiado y tras mi nacimiento, mamá murió.
No llegó a conocerme, pero
sé que desde el cielo vela mis sueños, apoya mis
ilusiones y se alegra por
mis aciertos.
Mamá no esta conmigo
físicamente, pero nunca me faltará en el recuerdo, el
mismo que la hace
permanecer en mí más viva que nunca. Me siento muy
orgullosa de mamá y en
cierto modo se lo debo a mi Nana, ella se encargó
desde el primer día de
cuidarme como ella lo hubiese hecho, de que nunca se
hallara en mí la
posibilidad de olvidarla, y aunque papá está físicamente
conmigo y me demuestra
cada día su cariño, mamá juega con mucha más
ventaja que él, llegó hace
mucho tiempo a la meta de mi corazón.
Me apasionan las estrellas
tanto o más como me apasiona el mar, desde que
era muy niña cuando quería
hablar con ella o darle un beso, subía a la colina
y me tumbaba en la
alfombra infinita de flores, me relajaba y observaba el
universo sobre mi cabeza.
Había miles de estrellas, a veces me imaginaba que
formaban figuras entre
ellas, siempre tuve claro que la que más brillaba, ésa
que destacaba de todas las
demás, ésa era mi madre, que me sonreía desde el
cielo, que escuchaba mis
preocupaciones por insignificantes que fuesen, que
cada noche me esperaba
para compartir conmigo su cariño. Con los ojos
cerrados, me dejaba
envolver por la emoción que me producía tal ilusión y a
la primera flor que notaba
a mi lado, le daba un beso tan fuerte como si de
mamá se tratase, un frío
se apoderaba de mi cuerpo dejándome vivir el
momento con más
intensidad.
¡Vivir el momento!, todas
las mañanas me lo propongo, apenas me levanto de
la cama, mi propósito es
vivir el momento, mis momentos, sean buenos o
malos, de tal modo, que a
veces los saboreo tanto que cuando tengo malos
momentos, vivo del
recuerdo que me aportan estos buenos, aunque hallan
pasado de largo. Otras
veces, soy tan ingenua que los dejo escapar,
escapando con ellos una
etapa de mi vida.
Siempre he pensado que
todos nuestros antepasados nos observan y velan
desde ese lienzo
maravilloso, infinito y de color azul, donde miles de puntos
brillantes vienen y van
intermitentemente, quizás por eso, mi afición a
contemplar las estrellas,
porque no solo veía en ellas a mi madre, sino a todo
aquel que considero parte
de mi vida pasada.
De modo que las clasificaba por orden de
importancia, como el que clasifica
de mayor a menor unas
figuras o unos vasos…mi madre sería la estrella más
grande, la que más
brillara, la más llena de vida y de luz propia, esa a la que
mi retina pudiese destacar
fácilmente de entre todas las demás. El resto, esas
que brillaban menos, no
porque fuesen mejores o peores para mí, sino porque
estaban bastante más lejos
de mí en ese momento o en esa etapa de mi vida,
serían mis abuelos, mis
tíos, y todos los seres humanos que algún día
formaron parte del árbol
genealógico de mi familia.
Los días que eran tristes
para mí porque todo en ese día me salía diferente a
como yo esperaba, porque
el destino no estaba de mi parte o simplemente
cuando reñía con papá, la
veía tumbada sobre el arco de la luna creciente,
como el que se mece en una
hamaca cuando el calor intenso del verano nos
acaricia la piel, estaba
recostada sobre ella con su sonrisa inconfundible de
barco, sus ojos claros,
sus manos blancas y delicadas, tal y como Nana me la
describía a menudo, de tal
modo que con sólo cerrar los ojos y desearlo un
poco, me hallaba en el
regazo de mi madre, llorándole por mi rabieta,
contándole mis
preocupaciones y sintiendo como mi corazón latía muy fuerte.
Aunque era el viento el
que mecía mis cabellos, para mí eran las caricias de
mamá las que me
alborotaban el pelo suavemente.
Aunque mamá no estaba
conmigo en ese momento, estaba muy cerca de mí.
<<
Javier parecía que no había
comido en bastante tiempo, se explayó comiendo
paella, yo comía tanto como
él para que no comiese solo, papá hacía rato que
había dado su almuerzo por
concluido, mi interior suplicaba a Javier que
acabase pronto, de lo
contrario ambos reventaríamos.
Al atardecer subimos al
acantilado donde íbamos de niños, Javier quedó
impresionado, nada en el
sitio había cambiado, las rocas seguían tan húmedas
como el día que lloraron su
partida, el viento le acariciaba dándole la
bienvenida, el agua se
acercaba sigilosamente a las rocas para después
marcharse y volver, marcharse
y volver… Javier estaba siendo víctima de sus
recuerdos.
Desde la roca en la que nos
hallábamos se divisaba gran parte de la costa y del
ancho mar, mirábamos las
rocas del acantilado, su agua estaba tan limpia, que
apenas se podía apreciar de
no ser porque se movía constantemente, si fijabas
bien la vista hacia abajo,
algunos pececillos se resbalaban entre la
transparencia del agua,
salían tímidamente a la superficie para después volver
a sumergirse.
Javier se animó a lanzar la
primera piedra a velocidad del rayo, invitándome
así a seguirle su juego.
-¡Vamos Laura!, haber si consigues
superarlo.
Cogí la primera piedra que vi
en el suelo, y tras acariciarla varias veces con la
única esperanza de igualarlo,
la lancé, cuál fue mi sorpresa al ver que mi
piedra no sólo alcanzó su
tiro, sino que además lo superó.
Éste se enfureció a la vez
que su rostro enrojecía por la vergüenza de que una
chica le hubiese ganado.
Se decepcionó tanto, que comenzó
a lanzar muchas piedras más, una tras otra
iban alejándose de nuestra
vista para sumergirse en el agua sin éxito alguno de
mejorar mi marca, cansado y
abatido por la derrota eminente, Javier cesó en
su intento.
-¿Cuál es el secreto Laura?
- No hay ningún secreto Javier, solo tienes
que desear ganar con todas tus
fuerzas, además has de fijar
toda tu atención en ello, has de poner tu corazón
muy cerca de tu mente y
convencerte de que vas a ganar, solo así podrás
conseguirlo. Si por el
contrario, piensas que es imposible lograrlo, que no
tienes fuerzas para ello, que
es inútil intentarlo. Si tu esperanza de lograrlo es
tan vaga que apenas existe,
estarás destinado a perder primito, pero no solo en
el juego de tirar estas
piedras, sino en todo lo que te propongas, “tu
destino
será perder”,
solo has de concienciarte, ¿Ganar o perder?
-¡Ganar!- gritó Javier.
Sin pensárselo demasiado
agarró una nueva piedra, miró al horizonte del mar,
el ruido de las olas le
marcaron el ritmo de la tirada.
-¡Ahora!- le grité.
Javier había fijado su vista
tan lejos como había podido, concentró la energía
que anidaba en su corazón y
lanzó la piedra. No solo me ganó, si no que
ninguno de los dos fuimos
capaces de seguirla con la mirada, su marca había
sido inmejorable, tal vez el
tiro se lo dedicó a Carla. Cuando vio que lo había
conseguido, miró al cielo y
una vez más, lo vi sonreír con los ojos
humedecidos.
-Gracias Laura, de no haber sido por ti
nunca lo hubiese conseguido.
Al abrazarme para agradecer
mi punto de vista, me besó en la mejilla
consiguiendo que me
sonrojara, hasta tal punto que el calor se apoderó de mi
cuerpo, haciendo que sintiera
una gran necesidad de despojarme de la ropa.
-No hay de qué primito – contesté
avergonzada.
Aquella noche, ninguno de los
dos pudimos pegar ojo. Javier bajó unas doce
veces a la cocina, supongo
que a beber agua, yo lo espiaba con la única
presencia del hueco de la
noche, cuando escuchaba que subía de nuevo a su
cuarto, bajaba para ayudarle
a vaciar la jarra del agua que estaba en la nevera.
No podría explicar con
exactitud lo que nos sucedió aquella noche, lo único
que pude y puedo seguir
asegurando, es que a la mañana siguiente, la jarra de
agua estaba vacía.
Conseguí conciliar el sueño
avanzada la madrugada, soñaba con el estilo de
vida que me había contado
Javier la tarde anterior, imaginaba la ciudad de
donde venía, pero ni tan
siquiera en mis sueños lograba verla claramente.
La semana que viene, Capítulo II
...traigo
ResponderEliminarecos
de
la
tarde
callada
en
la
mano
y
una
vela
de
mi
corazón
para
invitarte
y
darte
este
alma
que
viene
para
compartir
contigo
tu
bello
blog
con
un
ramillete
de
oro
y
claveles
dentro...
desde mis
HORAS ROTAS
Y AULA DE PAZ
COMPARTIENDO ILUSION
AMPARO DONAIRE
CON saludos de la luna al
reflejarse en el mar de la
poesía...
ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE BAILANDO CON LOBOS, THE ARTIST, TITANIC SIÉNTEME DE CRIADAS Y SEÑORAS, FLOR DE PASCUA ENEMIGOS PUBLICOS HÁLITO DESAYUNO CON DIAMANTES TIFÓN PULP FICTION, ESTALLIDO MAMMA MIA,JEAN EYRE , TOQUE DE CANELA, STAR WARS,
José
Ramón...
Hola Jose Ramón, nadie entro a mi blog como tú lo has echo, gracias por tu poema y tu invitación a tu espacio, lo conoceré.
EliminarEspero que tu paso entre mis letras sea agradable.
Saludos, Amparo
Hola Amparo
ResponderEliminarTe leí de un tirón y quedé enganchada con tu relato. Lo haces estupendamente bien. Ágil y atrapante!
Por qué será que llegando a cierta edad uno va encontrando tantas similitudes en otras vidas, sean reales o ficticias....???
Esperando la gestación del II capítulo
te saludo con un Pace e Bene!
Hola genessis! supongo que esas similitudes que encuentras en la vida de los demás es porque al vivir mas cosas, te das cuenta que son experiencias compartidas con gente que aunque no conoces, han experimentado lo mismo que tú o cosas similares..
EliminarEn cuanto al texto, te diré que es real, estoy en una proporción de cada uno de los personajes y de las situaciones, soy incapaz de escribir con sentimiento sobre situaciones que desconozco.
Saludos, Amparo
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarAmparo, impresionante relato que has narrado, y con él de la mano de tus letras he podido percibir el agua del mar, el sol ha tocado mi cara, el viento volara entre las flores... engancha tu texto.
ResponderEliminarMi admiración.
Un beso.
Muchas gracias María, es gratificante el descubrir que algo con lo que disfrutas gusta a los demás y los transporta a ese mundo que creas...me encanta que te hayas metido en el personaje, Laura es increíble.
EliminarUn beso enorme
Hermoso relato, muy bien narrado, me engancho! Espero el proximo capitulo!
ResponderEliminarBienvenida de nuevo a mi espacio Marilyn, gracias por interesarte por esta novela, sin duda a marcado una etapa importante de mi vida, tendrás el próximo capitulo la semana que viene, y con el más formas de ver la vida con otros ojos.
EliminarYo también me enganche a ti desde el minuto 1 en el que te conocí.
Gracias por volver, Un beso enorme, Amparo
Resulta muy tentadora la personalidad de Laura.
ResponderEliminarSiempre es gratificante conocer seres capaces de ver más allá de lo aparente y dejarse acariciar por ese sensible sentido que los lleva a moldear la vida.
Besos,escritora.
Hola Marinel, un placer tenerte de nuevo entre mis pensamientos y sentimientos, Ahora que conoces a Laura ya me conoces un poquito más,Laura es una chica soñadora, impulsiva, alocada que lucha diariamente por una meta, sentirse bien ofreciendo a los demás todo lo que es.
EliminarGracias por tu calificación de escritora, no me considero como tal, pero me encanta seguir en ese camino.
Un beso enorme y hasta el próximo capitulo.
Querida Amparo:
ResponderEliminar¡Que enorme placer que nuestros blogs se cruzaran!
Eres algo nuevo a compartir en mi vida literaria. Leerte es algo tan agradable como sumergirse en un baño de agua tibia - perdona la vulgaridad - pero así lo siento.
Leerte es no permanecer pasivo y acompañar el viaje que nos presentas de una manera tal que cuando Niebla galopa no estamos viendo el mar, nos estamos mojando los pies. Disfrutamos de esos paisajes que nos pintas sintiendo el aire en la cara y bajamos y subimos el risco como parte de la comarca. Sentimos los escalofríos de Laura y comprendemos y simpatizamos con esa joven que expone sus sentimientos aún vírgenes a los vientos de la vida sin saber donde la llevarán. Solamente por no encontrar el celuloide advertimos que no es una película de los años cincuenta.
Me declaro solemne admirador
Hay letras que son letras. letras que son paisajes. Las tuyas son un elixir de sensaciones que que demando percibir en el próximo capítulo.
Gracias Amparo por tus amables visitas a mi blog, por esos comentarios tan extensos y amenos. Por saber darle nueva mirada a las cosa, pero por sobre todo por lo que regalas: Esa fuerza. esas ganas de escribir que a más de uno nos está haciendo falta. Espero por ósmosis puedas contagiarme de tu entusiasmo.
Tu nuevo y agradecido amigo de
http://nidaeldore.blogspot.com
Besos. Daniel
Querido Daniel, el placer de que nuestros blogs se cruzaran es mutuo, me encanta que te metas en la piel del personaje, es mas fácil entender las situaciones cuando de algún modo las has vivido.
EliminarGracias por ser mi admirador literario y por ansiar mi próximo capitulo, para mi esta novela es importante, fue un grito interior que despertó partes dormidas, espero sea del agrado de todos mis lectores.
Gracias a tí por volver a leerme, esta vez sin necesidad de que te empujase a ello, y aunque dudaba de que vinieses por tu cuenta, no porque te faltasen ganas, sino porque se que son muchos los compromisos que tienes con tus lectores y con el poco tiempo que cuentas, sin embargo aquí estas, interesándote por mi escritura y dándome tu opinión que para mi es importante ya que tu blog, lo considero de los mejores que conozco.... seguirás teniendo mis visitas y mis humildes comentarios que pueden ser acertados o no, pero que sin duda siempre serán sinceros.
Tu nueva amiga, Amparo
Disculpa las erratas son caprichos de mi teclado
ResponderEliminarJamás me fijo en las erratas, soy una admiradora compulsiva del arte de las faltas de la ortografía, porque mas allá de dañar la vista, simbolizan que nos apresuramos a dejar que nuestro corazón exprese lo que siente, por eso jamás las miro cuando hago comentarios, jejjeje
EliminarSi el motivo de las tuyas es por capricho de tu teclado, mucho menos las voy a tener en cuenta.
Besos
Un placer pasar por tu blog. Tienes narración que engancha, así que seguiré por aquí un ratito más.
ResponderEliminarGracias por tu visita.
Un beso.
Teresa bienvenida a mi blog, me alegro que te guste mi narración, porque mas allá de letras organizadas son mis sentimientos, mis logros y mis sueños, gracias por quedarte entre mis lectores.
EliminarUn beso
Tu historia pide una pausa, la he tomado y la he leído, me tomaré un respiro para inhalar a bocanadas la siguiente entrega.
ResponderEliminarSaludos.
Bienvenida Gloria, tomate las pausas que necesites para leerme, así como yo me las tome en su día para disfrutar del bello arte de sentir, hay cosas en las que merece la pena detenerse y disfrutarlas, no lo digo por mi estilo al escribir, sino por lo que quiero transmitiros.
EliminarSaludos
Resulta inquietante esa historia, gracias por compartir.
ResponderEliminarque tengas una feliz semana.
saludos.
Hola Ricardo!! me alegra el hecho de que la catalogues como inquietante, te transmitió los nervios que aparecen en Laura cada vez que mira al horizonte del futuro.
EliminarBuena semana para ti también, Saludos.
Bueno, ya ves , ya te conozco a ti , a tu padre , a Niebla y a Javier , así, voy entrando poco a poco en tu vida.
ResponderEliminarMe gusta lo que leo
Besos..
Gracia por tu visita André y por haber decidido quedarte, pero sobre todo por haber despertado tu interés a conocerme, aunque el padre de Laura no tiene nada que ver con mi padre, si es cierto que Laura tiene mucho de mí, en cierto modo si que podrás conocerme.
EliminarBesos...
hola Amparo,
ResponderEliminarsabes cual pedacito de tu historia me ha gustado mucho?... éste: Vivir el momento!, o los momentos, sean buenos o malos, de tal modo, que a veces los saboreas tanto que cuando tienes malos momentos, vivwes der recuerdo que me aportan estos buenos, aunque hayan pasado de largo. Otras veces la ingenuidad te deja escaparlos, escapando con ellos una etapa de tu vida…
Una reflexión o un argumento muy alto para adoptar en la vida!
un abrazo fuerte^^
Hola Rebecca, me alegra que en tu comentario te centres en esa frase, porque para mí tiene mucha importancia, nuestra vida gira en torno a esos momentos que vivimos y a los que dejamos escapar, espero que atesores los tuyos y puedas disfrutarlos al máximo.
EliminarUn fuerte abrazo
Hola Amparo.
ResponderEliminarHe comenzado a leer tu relato pero no he podido seguir porque resulta demasiado largo para ser leído de un tirón y cansa mucho la vista al lector, al menos a mí me cansa, así que lo seguiré leyendo cuando pueda. De cualquier modo sí me gusta lo que he leído y el único fallo que puedo atribuir a tu relato de lo que he leído es la frase esa que escribiste en mayúsculas. Yo creo que debería de haber ido en minúsculas, pero bueno, es sólo una opinión, sin más.
Un saludo.
Hola Luchadora, si es cierto que el capítulo es un poco largo, pero si te gusto tendré la seguridad de que volverás a leerlo, me alegra que lo que has leído te guste.. en cuanto al fallo de la frase en mayúsculas según tu punto de vista que respeto por completo, tengo que decirte que aunque tal vez no proceda en el texto ponerla en mayúsculas, si procede ponerla en mi vida, siempre he pensado y comprobado, que los mejores sentimientos NO SE DICE, SINO QUE SE SIENTEN, sencillamente porque cuando sientes de un modo extremo, difícilmente tengas una definición para tales sentimientos, lo mejor que puedes hacer es simplemente sentirlos....por eso la resalté de algún modo, pero acepto tu opinión, es más gracias por tu sinceridad.
EliminarUn saludo
Amparo tienes un gran don para los relatos, me he quedado fascinada y estoy esperando el segundo capítulo. El primero muy bueno Chapó por ello.
ResponderEliminarun beso
maite
Gracias Mª Teresa, sin duda una crítica constructiva que te empuja a seguir con mas fuerzas renovadas, gracias por tus palabras, me alegro que te haya gustado.
EliminarUn beso, Amparo
Me ha gustado mucho lo que he estado leyendo en tu blog. Te sigo,
ResponderEliminarUn abrazo.
Hola Gloria, gracias por disfrutar de mi relato y quedarte entre mis seguidores, pero sobre todo, gracias por venir.
EliminarUn abrazo, Amparo
Ajá vamos por el II Capítulo, que interesante hija me que he quedado leyendo sin pensar en el tiempo... eso quiere decir que lo he disfrutado....y mucho ;) besitos preciosa muá ^.^
ResponderEliminarHola Patty, encantada de volver a verte por mi blog, pero mucho más encantada de que hayas perdido la noción del tiempo entre mis palabras, me alegro de que lo hayas disfrutado, es el cometido de todo escritor.
EliminarInfinidad de besos para ti, Amparo
Buenos días Amparo ¡¡ Mi buena amiga!!
ResponderEliminarGracias por compartir tu ternura y amistad
Gracias a ti Lola, por tu interés por mi blog, por involucrarte en mis vivencias y por saber retener la parte tierna y sentimental que quiero trasmitir, pero sobre todo por valorarla.
EliminarMis lectores sois muy afortunados, podéis conocer íntegramente mi parte humana, sensible y emotiva.
Besos de una amiga, Amparo
Me ha encantado, atrapado desde el primer momento en tu relato, sintiendo el galopar de Niebla... vibrando con la atracción entre Laura y Javier...estoy deseando leer la segunda parte. Un placer conocerte Amparo, por aquí me quedo acompañándote. Un beso.
ResponderEliminarHola Oscar, encantada de verte por aquí, me alegra que te haya gustado y te hayas metido en la piel del personaje, dice mucho de tu sensibilidad y entrega, pronto tendrás la segunda parte, espero que te encante igual.
EliminarGracias por quedarte, Amparo
Buenas tardes Amparo,interesante tú nueva novela ya acabada,gracias por pasarte por mi bloc.
ResponderEliminarMi lema:la felicidad solo dura momentos y esos momentos hay que exprimirlos al máximo.
Saludos desde Conil.Angela
Hola Angela, me alegro que te haya gustado mi primer capitulo, hay muchos sentimientos comprimidos dentro de esas letras, en cuanto a tu lema, quiero que sepas que lo comparto, puede que la felicidad sea tan efímera que dure apenas un instante, pero si ha sido real ese instante puede llenar gigantescos espacios en el resto de nuestro camino por la vida.
EliminarTe deseo que tengas muchos instantes felices.
Saludos desde Jaén, Amparo
Hola Amparo!!
ResponderEliminarMe ha gustado mucho,la leí de seguido y me impresiona tu excelente puesta en escena,pues me dejas en la orilla mojándome los pies y viéndote galopar a Niebla,sin duda una mujer de sentimientos a flor de piel,que vive intensamente y derrochando buena energía.
Para mi el mar también es importante y me gusta soñar en él.
Espero la segunda parte y saber de sus sentimientos hacia Javier,esto se pone emocionante!!
Un abrazo!!!!
Gracias Estrella, por sumergirte en mis palabras, me alegro que te guste mi forma de expresar lo que siento porque al fin y al cabo son eso, sueños, vivencias, deseos, momentos que me han hecho palpitar el corazón a toda prisa y se han escapado al horizonte de esa playa que tanto me embruja.
EliminarTe dejo la segunda parte colgada, viajo este fin de semana a Almería, me reencuentro con mi faro y esas aguas que me atrapan.
Espero te guste tanto o más.
Un abrazo, Amparo
Hola Amparo.
ResponderEliminarPrimero quiero agradecerte por tu visita, muy agradable.
Y esta historia, engancha, ademas de pasear con Laura y Niebla, toda una experiencia.
La llegada de Javier, parece que nos da un halo de misterio. Veremos.
Me ha gustado.
Un beso.
Hola Cecy, encantada de que estés entre mis pensamientos y mi forma de sentir, gracias por sentirte parte de mis personajes y como bien dices la llegada de Javier es un tanto misteriosa, veremos a ver que pasa, jejej
EliminarGracias por quedarte.
Un abrazo, Amparo
Hola Amparo. Ahora, que he podido leerte detenidamente y con tranquilidad he de felicitarte por tan maravilloso relato que voy a continuar leyendo.
ResponderEliminarTenía ganas de hacerlo, pues empecé a leerlo el otro día pero no podía continuar, y me quedé con unas inmensas ganas de continuar que ni te lo imaginas.
Me gusta muchísimo tanto la forma en que te expresas, como el fondo que hay en esta novela.
La voy a seguir leyendo.
Muchos besos. Rosa.
Gracias Rosa por volver y por tu interés por mi novela, me alegra que te enganche y puedas disfrutarla plenamente...Tus ganas de impregnarte de ella me animan a seguir escribiendo y confiando en que os siga gustando.
EliminarBesos, Amparo
Vine a devolverte tu visita, y quede atrapada en tu novela que seguire leyendo gustosa.
ResponderEliminarUn beso y nos leemos :)
Me ha encantado amparo. Es niña es una gran luchadora y hace muyvbien en vivir el momento. Seguiré leyendo tu historia. Besos
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