Caminar es mejor que llegar

Aunque a veces el camino sea duro, tenebroso, incierto, no hay nada más placentero y gratificante que seguir caminando, pues la riqueza de todo camino reside ahí, en el día a día, paso a paso, puede que jamás lleguemos al final, o puede que si llegamos, nos encontremos que no hay nada de lo que esperábamos, sin embargo siempre nos quedarán esas pisadas, a veces firmes y otras asustadas, aquello que si hemos podido vivir y experimentar a diario y que forma parte del camino para llegar a nuestros sueños, a nosotros mismos.

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A MIS SEGUIDORES

Mis queridos seguidores, apenas hace unos meses empezaba este camino en solitario con la llama de la ilusión encendida, una llama ansiosa por gritar, por mantenerse, por iluminar de algún modo el camino de esa gente que aunque no conocía sabía que estaban ahí.
Un camino duro si lo ves como una meta para saltar a la luz literaria, pero si lo sientes como una vía de escape necesaria en tu día a día, que te hace evadirte de estrés siendo tu misma, es muy pero que muy gratificante, ya que la mayoría de la gente que se esconden tras esos avatares son increíbles personas.
Hoy quiero daros las gracias desde el corazón a todos y cada uno de mis seguidores, empezando por Marilyn a la cual tengo especial cariño, ella fue la primera en visitar mi espacio y en traerme esa sensación de que lo que escribes llega de algún modo, gusta, y que algunas veces esas vivencias que plasmo, son compartidas, mucho más de lo que imagino cuando escribo.
Gracias a todos esos que llegaron después y a los que aún no han llegado pero que están en camino.
Gracias a todos esos que me siguen en el anonimato y disfrutan no solo con seguir mi blog, sino con seguir mi vida y para los cuales se que soy y me siento importante.
Gracias a todos los que me comentan aunque no me sigan, a los que me siguen sin comentarme.
Jamás pensé llegar al impensable numero de 100 seguidores, no auguraba ni llegar a 20, sé que muchos de vosotros sabéis como me siento porque tenéis muchos más que yo, mi satisfacción no es por el número, sino porque detrás de de ese número estáis vosotros esperando lo que tengo que decir, viviendo lo que yo vivo, intentando comprenderme y conociéndome a través de mis palabras, lo más importante de todo, es que la mayoría de vosotros vais en la misma dirección que yo y valoráis ese cariño, esos detalles, esa constancia, esa necesidad y esa ilusión.

Así pues mi regalo de hoy para cada uno de vosotros es una pequeña vela que vosotros habéis ido encendiendo estos meses y habéis colocado en mi camino, una vela que mantenéis y que cada día sigue iluminando mis letras, mis pensamientos, esa ilusión que se acrecienta. GRACIAS A TODOS POR ENCENDER ESA LUZ EN MI CAMINO.

Algunos habéis llegado hasta aquí por casualidad, a otros os ha traído algún seguidor mio, otros os habéis sentido atraídos por mis palabras ya que yo os encontré primero.....pero eso da igual, lo importante es que estáis aquí, y me siento un poco en deuda con vosotros, por lo tanto en cuanto termine mi novela os contaré como llegué yo hasta vosotros, no quiero meter ninguna entrada entre medias.



Sé el primero de tus amigos

21 julio, 2012

Acordes a tu lado ( Capítulo VI )


Tercera cuerda ( LOS SENTIMIENTOS)

El paseo en globo del día anterior fue fabuloso. Javier se sentía mucho más preparado que al principio, comenzó a alimentar en su mente la emoción y la ilusión de ver a su padre. Desde que se marchó a París no sabía nada de él, ni siquiera había intentado averiguar nada en el pueblo. Papá y yo no le dimos ninguna información puesto que él no nos preguntó sobre el estado de su padre, no teníamos derecho a violar su decisión de no recibir información sobre él.
Aquel día Javier nos comentó a Nana y a mí que pretendía ir a verle, quise acompañarle pero él, quiso ir solo. Yo sí sabía del estado actual de su padre, aunque lo había mantenido en silencio. Sabía que había seguido bebiendo, convirtiéndose en una esponja que necesitaba sentirse húmeda de alcohol por algún motivo que solo su interior conocía. No tenía límite para acabar de ingerir alcohol, de modo que unos días bebía más y otros días menos, lo cierto es que su estado de embriaguez era constante.


Sabía que seguía buscando refugio no sé muy bien por qué motivo, en el calor que le proporcionaba la botella. Sabía que continuaba viviendo solo en la misma casa en la que Javier nació, donde estoy segura que un día fue feliz con su esposa desaparecida, la misma que un día se negó a apoyar su forma de afrontar los problemas.
Presentía que el reencuentro sería un duro golpe para Javier, dudaba que estuviese preparado para enfrentarse al pasado todavía, sus sentimientos hacía su padre estaban expuestos a una recaída, estaba convencida que aún no debía visitarlo.
Javier desayunó dos tostadas con mermelada y mantequilla, dejó medio café templado sobre la taza que posó en la mesa y se despidió de mí y de Nana con un beso en la mejilla.
   -No sé si vendré con hora de almorzar - fue lo único que dijo mientras avanzaba hacia la calle sin volver la vista atrás.

Me dio un vuelco el estómago, seguía pensando que Javier no debía contemplar durante el resto del día el estado de su padre. Para mí era una situación extraña, desde que Javier volvió a casa nunca nos habíamos separado a no ser para ir a dormir, pasábamos todo el día juntos, compartiendo nuestras travesuras sanas que eran más típicas de adultos alocados que de niños. Me había quedado sola con la incertidumbre de la suerte que correría Javier tras la visita a su papá. Pasé todo el día en la casa, me daba la sensación que se me caería encima. Sólo me apetecía gozar de la compañía de Nana, sólo ella podía aplacar mis nervios y mi ansiedad. Nana era la única que podría tranquilizarme en esos momentos.
Fui a la cocina para buscarla, los pies se me iban solos.
Nana me miró a los ojos, su diagnóstico era el correcto, de modo que comenzó su charla dirigiéndome alguna de sus preguntas llenas de contenido.
   -¿Te gusta Javier?

Yo no le había mentido nunca y aunque me hubiese animado a hacerlo, mi Nana lo hubiese notado de inmediato, cuando mis palabras pasaban por mi cerebro para ordenar a mis labios que las dejasen escapar, mi Nana ya las conocía. Sabía cuando estaba triste, contenta, preocupada o feliz. Solo ella percibía cuando me dolía la barriga o cuando se podía tratar de mi cabeza, sabía que desde la llegada de Javier mis hábitos cotidianos habían cambiado, decía que mis ojos eran el reflejo del alma, a ella no podía mentirle.
Decidí sincerarme con ella, contarle todo lo que sentía, tenía la esperanza de que resolviera las dudas que yo tenía.
Nana nunca descuidaba sus obligaciones, cuando le pedí que se sentase conmigo en el sofá del salón no pudo evitar negarse, sus principios le decían que debía fregar las tazas del desayuno.
   - No te preocupes Nana, papá se fue a la consulta y Javier está con su padre, ambos tardarán en volver, estamos solas, yo soy la señorita de ésta casa, tu próxima tarea se trata de que me mimes, que me acaricies, pero sobre todo que me escuches lo que llevo guardándome con recelo hace tiempo.

Después de escuchar mis palabras, Nana advirtió la gravedad del asunto, aceptó mi propuesta sin aparente preocupación por el desorden que había en la cocina.
Me cogió del brazo con cariño hasta que llegamos al sofá del salón, dejé caer mis hombros sobre su vientre, durante un momento la confundí con mi madre, comencé a contarle mis inquietudes con bastante soltura, mientras que ella enredaba sus dedos entre mi pelo para controlar mis nervios, no sé como lo había logrado pero el resultado fue positivo, estaba tan a gusto con ella que me hubiese gustado parar el tiempo. Me llenaba completamente confiar en ella, estaba segura de que podía mantener la conversación que fuese durante horas y horas sin que el reloj avanzase ni un solo segundo para mí. Siempre me parecía insuficiente el tiempo que pasaba junto a ella, se preocupaba mucho de mi estado de salud, aunque lo que más la intranquilizaba era mi estado anímico. Nana era como uno de esos cafés que preparaba con tanto cariño, siempre me caía bien su presencia, su calor entonaba mi corazón considerándola mi cobijo y al igual que ellos, estaba endulzada a mi gusto.
Nana era una mujer modesta, reservada en lo que se refería a su vida privada, muchas veces le decía lo importante que es para mí, el cariño y el apego que siento hacia ella, aunque su interior lo recibía al instante agradecido, su exterior se empeñaba en recordarme que exageraba. Justamente en esos momentos me gustaría que se convirtiese en una vena de mi cuerpo, que gozase de acceso directo al interior de mi corazón, me gustaría que viera el cariño que circula por ellas cuando disfruto de su presencia, cuando recuerdo lo mucho que me aporta. Ella era mi madre, mi amiga, mi confidente, aunque decía que de su vida privada no hablaba, conmigo si lo hacía.
Siempre tuve la sensación de que nos complementábamos no sé muy bien en que, pero mi punto de vista encajaba casi siempre con el suyo. Siempre me aseguró que mi relación con ella está basada en mi necesidad por recibir las sensaciones que ella me aporta, desde el principio de nuestra relación, me aseguró que el día que encontrase esas mismas sensaciones en otra persona, la dejaría un poco de lado. Lo que nunca pudo comprender es que nadie me hará sentir las mismas sensaciones, tal vez parecidas, pero idénticas no. Nunca entendió que el puesto que ocupa en mi corazón nadie podrá suplantarlo, yo sé que siempre seguirá siendo igual de importante para mí, tal vez la forma en la que ahora necesito demostrarle mis sentimientos hacia ella esté expuesta algún día a aflojar su intensidad, porque la distancia nos sorprenda o algo similar, pero el cariño, el respeto que siento hacia ella, mi entusiasmo al tenerla cerca física o mentalmente, no aflojará jamás. Lástima que todo eso carezca de explicación posible.
De modo que cada vez que me animaba a confesarle como me sentía, ella comenzaba a escucharme rompiendo el hielo con una de sus preguntas cortas y de extensa respuesta.
   -¿Estás enamorada de Javier?
   - Creo que sí.
   -¿Cómo que lo crees Laura?, o estás enamorada de él, o no estás enamorada, así de sencillo.
   - No, no es tan sencillo Nana.
   - Claro que sí, cuantas más vueltas le des, más dudas te surgirán.
   - A ver, vamos por partes. ¿Te sientes bien a su lado?
   - Mejor que en ninguna otra parte, lo único que puedo lamentar cuando estoy junto a él, es que el reloj acelera su ritmo privándome en gran parte del tiempo que desearía permanecer en su compañía.
   - ¿Piensas en él cuando no estás a su lado?
   - No hago otra cosa, cuando llega la noche y me voy a descansar a mi habitación, me tumbo en la cama recopilando los momentos que hemos compartido durante el día, también me imagino los que me hubiese gustado compartir a su lado. Desde que volvió al pueblo no hay otro tema que me tenga tan ocupada.
   - ¿Por qué piensas que lo quieres?
   - El corazón se me exalta ante su presencia cambiando de marcha para acelerar su ritmo, me pongo bastante nerviosa cuando estoy a su lado y la mayoría de las veces cuando cruzo la mirada con él me sonrojo sin darme cuenta debido al respeto que le tengo. Mi cuerpo tiembla cuando se acerca a mí por algún motivo, siento un deseo enorme hacia él provocado por una atracción física que se realza cada día más.
Mi corazón quiere besarle, pero mi cabeza me detiene bruscamente a mitad de camino, entonces me siento culpable porque se trata de mi primo. ¿Tú que opinas Nana?
   -Yo no creo nada, sé que estás enamorada de él hasta la médula, apostaría lo que tengo a que tú también le atraes bastante. Mientras estés distanciada en el sentido de que él no sepa tus sentimientos e intenciones, no podrás saber hasta qué punto es intenso esto que sientes. Para averiguar si esto puede o no puede funcionar debes arriesgarte, enfréntate a la culpabilidad que te provoca el hecho de que se trate de tu primo y sobre todo, a su posible rechazo hacia ti.
   -Nana no entiendo lo que quieres decirme.
   -¡Mientes Laura!, estás buscando que te cuente un cuento. A veces sacas de tu interior a esa niña que llevas dentro y a la cual le encanta escuchar cuentos, no creas, a mí también me encanta contarle cuentos a mi niña.

*   Había una vez una charca, en ella vivían bastantes anfíbios,
entre ellos una rana y un sapo.
La charca era de dimensiones medianamente grandes, con lo cual la rana yel sapo se veían de vez en cuando. La rana aseguraba a los
insectos que se iba a comer que estaba enamorada del sapo, sabía que
después de ingerirlos no podrían delatarla, para ella el sapo era su
tipo de anfibio ideal, aunque un poco orgulloso. Aún así, ella estaba fascinada con el sapo.
Sus ojos saltones eran lo que más la cautivaban, mucho más que su
cuerpo rechoncho y robusto, más que su piel que portaba verrugas y
que sus patas posteriores adaptadas al salto. A la rana le atraía el
porte y la elegancia del sapo, todos los insectos que eran alcanzados
por su lengua pegajosa sabían que la rana deseaba tener renacuajos
con él.
El sapo que era bastante orgulloso, solo se dedicaba a saltar de un
lado a otro de la charca, mostrando así su figura y su porte a la
rana con la intención de provocar su interés.
Un día la rana no aguantó más sus deseos de estar junto al sapo
de su vida y se le declaró, éste riéndose y sonrojado por el evidente
atrevimiento de la rana, quedó enmudecido. La rana pensó que estaba demasiado ocupado saltando de un lado hacia otro de la charca
como para tener novia y se disculpó ante el sapo por el atrevimiento de
su declaración con carácter amoroso. Saltó y saltó en dirección
opuesta a donde el sapo se hallaba y alejándose de éste se dirigió a
su extremo de la charca.
Cuando la rana llegó a su destino, notó que el sapo orgulloso la
había seguido avanzando a pequeños saltos detrás de ella. El sapo
confesó a la rana con su voz temblorosa que le encantaban las ranas como ella, de piel lisa y verdosa, con el vientre blanco, el atractivo
de sus dos hileras de manchas y la rugosidad de sus patas, pero lo
que más le gustaba al sapo era que fuese decidida y emprendedora. Le
aseguró que no se había atrevido a declararle su amor debido a
su timidez. El sapo se sonrojó minutos antes de asegurarle que él
también se sentía atraído por ella, le confirmó que hacía bastante
tiempo que ella le gustaba y que su timidez junto con el miedo de
sentirse rechazado, le habían impedido acercarse.
La rana no daba crédito a lo que estaba escuchando, se fundió con el
sapo en un fuerte beso sabiendo, que si no hubiese tomado nunca la
decisión de buscar al sapo para declararle su amor, jamás hubiese
encontrado la felicidad, ni junto a él ni junto a ningún otro, ya
que siempre hubiese estado estancada en la esperanza de que el sapo sele hubiese declarado a ella, tal vez hubiese tenido que guardarse sus
sentimientos y sus deseos para toda la vida.
                                            
   -No tengas miedo al rechazo mi niña, si tú sientes que tus sensaciones son fuertes, salta en busca de tu sapo a pesar del fango que pueda haber en medio de vuestra relación. ¡Declárate!, estoy segura de que al igual que la rana del cuento te sorprenderás por los resultados, puede que él sienta lo mismo hacia ti. Si no es así, cuando dejes de alimentar la esperanza que de momento te une a él, cuando te sientas decepcionada por su negativa, lo que hoy sientes por el, se irá extinguiendo hasta que sólo quede cariño.
¡Laura!, no olvides nunca que está en juego tu felicidad.

Nana bajó su vista para cruzarla con la mía, me guiñó un ojo con un gesto simpático. Al instante, las bisagras de la puerta anunciaban que Javier volvía de visitar a su papá.
Me impresioné al ver su estado de ánimo, esperaba todo lo contrario, creía que volvería llorando, abatido, afligido o al menos, con los ojos jugosos tras ver el estado de su padre, pensé que recordar de nuevo el pasado del que huyó le devolvería la nostalgia de la ausencia de su madre y parece que acerté en muchas cosas.
Nana se marchó a la cocina a preparar el almuerzo y recoger el desayuno, había aplazado sus obligaciones para ofrecerme su compañía. Miró a Javier con bastante apego y abandonó el salón dejándonos solos para poder charlar.
Javier se sentó junto a la ventana, yo me senté en el brazo del sofá que estaba enfrente, el mismo en el que le había confesado a Nana que estaba enamorada de mi primo. Me daba cuenta de la suerte que gozaba sabiendo que los muebles eran inertes, al igual que Niebla, el sofá guardaría mi secreto.
   -¿Qué tal te ha ido Javier?
   - Mucho mejor de lo que pensaba.

Tomé una actitud cómoda para disponerme a escucharle, él comenzó su relato:

“A medida que me acercaba a casa sentía como mis piernas temblaban, mi corazón aceleraba su ritmo progresivamente. Dudé si llamar a la puerta o no, pero mi fuerza interior me empujó a hacerlo, llamé al timbre con miedo y como papá no contestaba me dispuse a empujar a la puerta que estaba entre abierta. Por momentos me iba invadiendo el nerviosismo, hacía casi nueve años que no le veía, no sabía nada de él. La última vez que pude verle, estaba sentado en su sillón, sin embargo, estaba a miles y miles de kilómetros, muy lejos de todo lo que tuviese algo que ver con la realidad. Siempre lo recordé embriagado por el alcohol, su lengua se le trababa dejando que sus palabras dieran zancadas hasta pronunciar lo que intentaba decir, sin éxito alguno claro, su lengua se trababa a pesar de sus interés por disimularlo, sus ojos estaban colorados como si de dos semáforos se tratasen, me anunciaban que estaba prohibido el paso hacia su corazón. Su cara se enrojecía por completo alternándose con el color blanco de la nieve, su mano intentaba apoyar el peso de su cara, aunque la mayoría de las veces le resultaba imposible, el puño se le escurría dejando caer sus manos hacia las piernas.
Al igual que mis piernas temblorosas, mi corazón impaciente avanzaba despacio hacia algún lugar de la casa donde poder encontrarle, le recordaba tal y como lo dejé, cuando quise darme cuenta estaba dentro del salón. Allí estaba, sentado en su apacible sillón como de costumbre, las lágrimas cálidas que florecían de mis ojos no me dejaban ver con la claridad e intensidad que me hubiese gustado. Noté que su barba había crecido bastante, su cara estaba presidida por muchas más arrugas que cuando lo dejé, la casa estaba llena de polvo, oscura, todas las puertas y persianas estaban cerradas, lo único que alcanzaba a ver desde el marco de la puerta era su silueta, estaba marcada por la escasa luz de un pequeño candil con aspecto oxidado.
A la distancia en que me encontraba era imposible ver algún rasgo acentuado en su cara. Aún mucho más nervioso que al principio me acerqué hasta ponerme frente a él, flexioné ligeramente mis rodillas para ponerme a su altura, él estaba sentado y sin mediar palabra alguna, mi corazón ordenó a mi cerebro que le asestara un beso en la frente con la ayuda de mis labios.
   -¿Cómo estás papá?

No me respondió ni una sola palabra, estaba sobrio, quizá halla sido la primera vez que he logrado verlo posado en la realidad, aunque estaba en una realidad demasiado lejana al momento que estábamos viviendo. Su mirada estaba clavada en la llama del candil que reposaba encima de la mesa, las llamas de color rojizo que éste desprendía iluminaban los muebles que había alrededor, al igual que el rostro de papá. La luz parecía inmóvil, a penas se estremecía al variar de intensidad, parecía que papá la estaba hipnotizando con su mirada.
Se me ocurrió hacer algo para que reaccionara y saliera de ese estado. Había ido a verle su hijo, había regresado, tal vez demasiado tarde, pero había regresado y él no se estaba dando cuenta. Varias veces me dieron ganas de voltear mi cuerpo y marcharme por donde había venido, pero era incapaz de salir de allí sin ver a papá, aunque lo tenía frente a mí aún no lo veía. Quería hablar con él de forma normal, que me escuchase aunque después hiciese caso omiso a mis palabras, quería ver su reacción, me hubiese gustado que se levantase del sillón y me hubiese regañado por haber huido de su lado, pero todo le daba igual.
La habitación continuaba en penumbra, exactamente igual que su mundo interior, en una completa penumbra en cuya escasa luz solo alcanzaba para ver una botella. Me negué a marcharme con los brazos cruzados, sin estudiar las posibles consecuencias, me lancé a la ventana y tiré del cordón de la persiana con todas mis fuerzas. Era de día, apenas las 10.30 horas de la mañana, el sol estaba en su máximo esplendor y papá solo gozaba de la débil llama de un candil. Él continuaba callado, solo se estremeció para llevarse las manos a la cara intentando taparse los ojos, la luz del sol lo deslumbraba, por fortuna invadía su cuerpo parcialmente. Todo apuntaba a que papá hacía mucho tiempo que no veía la luz del nuevo día, para él daba igual que fuese de día o de noche, su vida era un caos absoluto.
Me acerqué de nuevo a él y percibí que su pelo era largo, había tomado un tono ceniza y gran parte de su cabeza permanecía al desnudo. Sus ojos estaban tristes y hundidos en el abismo en el que se encontraba sumergido, sus manos estaban arrugadas y su pellejo era muy fino, las arrugas de su cara eran incluso más que las que portaba su pantalón oscuro, su espalda estaba demasiado curvada hacia delante demostrándome una vez más, que el peso de esa maldita botella siempre había sido demasiado agotador para él en muchos sentidos. Sus manos apenas podían sostener un viejo bastón.
Mis ojos pasaron de húmedos a mojados, podía sentir las lágrimas correr el camino que marcaban desde mi cara hasta llegar a mi barbilla, el paso de éstas era tan seguido que formaban un río, nunca pensé ver a papá en ese estado. Él seguía sin mirarme, se notaba a la legua que le daba vergüenza, yo estreché su mano con la mía llamando así la atención de su mirada.
    -Me alegro mucho de verte, papá - le dije emocionado.

Me contestó afirmativamente inclinando su cabeza hacia el suelo, parecía que la lengua se la había comido el gato, sin embargo proseguí.
    - Volví hace tres meses de París, me marché para labrarme un futuro digno y lejano de todo lo ocurrido, conocí una mujer estupenda con la que me casé. ¡Sabes!, Carla murió, tenía un tumor en el útero, estaba esperando un hijo mío, solo tuvimos el privilegio de sentir lo que significaba ser padres durante un día, podíamos imaginarlo recién nacido, en su primer día de colegio, jugando con sus amigos, incluso dándonos un beso para marcharse a dormir, todo menos pensar que lo perderíamos. Lo perdí todo papá, a mi hijo y a la mujer a la que quiero todavía con todas mis fuerzas, fue un infierno, sacrificamos la vida del bebé para salvar la de Carla y sin embargo fue inútil.
Papá, lo de Carla era una enfermedad, algo ajeno a sus posibilidades, algo casual que nos cogió desprevenidos, la única salida era mantener la fe, sólo podíamos abrazar el presente y asumirlo, sin embargo lo tuyo…
No tienes ninguna necesidad de beber, bebías incluso antes de que mamá nos dejara, precisamente nos abandonó por eso. Supongo que en algún punto del camino de tu vida perdiste el rumbo, la noción del tiempo.
Algún acontecimiento fuerte te hizo sentir lo suficientemente frágil como para abandonarte a la suerte o a la mala suerte que te facilitaría el alcohol. Debiste pedir ayuda desde el primer momento sin dar lugar a que te ganara la batalla, debiste afrontar la realidad por dura que fuese para ti. Ahora no es momento de lamentaciones, ya no hay marcha atrás, o tal vez sí, el problema es que el primer paso lo has de dar tú solo y dudo mucho que estés de acuerdo. Ojalá pudiese avanzar yo los pasos que tú has de seguir, sin duda alguna emprendería esa marcha por ti, por recuperarte, o mejor dicho por empezar a conocerte. No sé ni puedo imaginarme los motivos que te arrastraron a este estado, pero fuesen cuales fuesen, te están arrebatando la vida que tenías, la vida que te queda.
Me marché porque fui un cobarde al igual que lo estás siendo tú. No tengo ningún derecho de darte lecciones de nada, sentía vergüenza de ti, de tu apellido, deseé mil veces que no fueses mi padre, me dabas asco, lástima, por más vueltas que le daba a mi cabeza no aparecía ni un solo motivo por el que pudiese pensar que me querías, creía que si en realidad me hubieses querido no permitirías que te viese en ese estado, en realidad siempre he pensado que eras incapaz de quererte a ti mismo.
Siempre entendí más a mamá que a ti, quizás por eso elegí el mismo camino que escogió ella, el más fácil, huir de tu lado, abandonarte igual que un día te abandonaste tú.
Todo podría haber sido diferente, tenías una familia, una mujer que te quería a pesar de muchas cosas, excepto del alcohol, un hijo que a pesar de tu problema te respetaba aunque, tal vez fuese producto del miedo que te tenía.
¡Mírate papá! Has envejecido solo, has perdido todo lo que un hombre no se puede permitir perder, la vida. Has perdido tu familia, tu sentido común, tus ilusiones, tus ansias de luchar, tu juventud.
¿Qué más papá?, ¿vas a seguir desperdiciando lo bueno que te queda hasta que seas incapaz de respirar?, ¿tanto has de agradecerle a esa botella?, ¿por qué has de serle fiel?, ¿qué recibes de ella? Sin duda alguna, nada comparado con lo que podrías recibir del día a día de la vida, no vale la pena que sigas perdiendo la noción del tiempo por ella, ni siquiera puedes sentir, parece que la sangre se te ha congelado. ¡No te rindas!, aún puedes lograrlo, aún puedes recuperar gran parte de lo que has perdido.
PARA TRIUNFAR EN UNA BATALLA, A VECES HAY QUE SABER RETIRARSE A TIEMPO. AÚN PUEDES VENCER.
No puedes ver como se pasa tu vida, como se nos pasa a todos. Tengo 30 años y no recuerdo a un padre que me demostrase el cariño que tanto necesité, que jugase conmigo, que me escuchase al decidir contarle mis problemas, que me aconsejase. Si no haces algo urgentemente te marcharás en el mismo vuelo que lo hizo Carla, sin haber descubierto lo que se siente cuando se quiere y te corresponden. Se nos está escapando de las manos a los dos, soy consciente de que te marcharás sin disfrutar a tu hijo y yo dejaré que te escapes de mis manos sin descubrir que se siente al tener un padre, penoso, pero cierto.
Todavía no sé por qué he vuelto. Cuando Carla murió solo necesitaba estar con mi familia, pensé que quizás estaba a tiempo de encontrar lo que me queda de ella, solo me quedas tú.
Perdóname papá, no soy perfecto, quizás no tuve la posibilidad de tener un hijo porque lo hubiese hecho peor que tú, lo único que sé, es que me duele enormemente verte en ese estado. No sé si puedo hacer algo por ti, pero te puedo asegurar que la impotencia de verte así me hace sentirme tan basura como puedas sentirte tú. Hay más salidas para combatir la inferioridad, la desilusión, la infelicidad.
No puedo recorrer el camino por ti pero puedo acompañarte.
Bajé la persiana con la misma fuerza que la subí, froté mis ojos desesperadamente empapándome las manos con las lágrimas que habían florecido de mi corazón, le besé de nuevo en la frente y me volví para dirigirme a la puerta.
Al voltearme, una voz ronca, apagada, irreconocible para mí de no ser porque estábamos solos, me detuvo.
   -Lo siento hijo, para mí tampoco es fácil.

Volví para aplacar mis deseos de abrazarle, aún siento latir su cansado corazón junto al mío, aún puedo ver sus ojos llorosos en mi retina, todavía puedo oler de fondo la ginebra de su aliento que por primera vez sentía más lejana de la vida de papá.
Aquí estoy, enojado pero sereno, deprimido pero alegre, no encontré lo que quería pero tampoco lo que pensaba que iba a encontrar. Papá estaba sobrio y aunque sé que a mi salida volvió a beber, cuando hablé con él me estaba escuchando, apuesto a que me entendió, aunque no tuvo ni tenga el valor suficiente para poner punto y final a esta situación. Sabe y reconoce su fallo, sé que me quiere, hoy he estado mucho más cerca de él, parecía que el tiempo que hemos estado separados nos estaba acercando más que nunca, más aún que cuando vivíamos juntos.
Sigue estando muy lejos de todo, pero estoy más cerca de él, aunque la ventaja que el tiempo nos lleva nunca me dará la opción de alcanzarle.”
  
Miré a los ojos a Javier y pude verme reflejada en ellos, sé que estaba llorando en silencio.
Estaba más contento de lo previsto, en esos momentos, eso era lo más importante, había sido lo suficientemente valiente como para ir a visitar a su padre y mucho más aún, le había dicho todo lo que pensaba sobre su estado, lo que llevaba guardado hace tantos años. Me levanté acercándome a él para abrazarle en señal de apoyo hacia su tristeza, froté suavemente su espalada, él me dio las gracias con su  mirada, aún siento como  me quema por dentro, sin quitarnos la vista de encima nuestra complicidad sabía, que Javier acababa de recuperar la tercera cuerda de su guitarra, “LOS SENTIMIENTOS”.
En la charla que había podido compartir con su padre, había percibido diferentes sensaciones nuevas que le estaban dando la oportunidad de motivar su espíritu dormido, había descubierto que seguía sintiendo muchos más sentimientos por su padre de lo que él pensaba. El ritmo acelerado de su corazón le confirmó que quería a su padre, que podía preocuparse por él, que le gustaría ayudarle a salir del trance en el que se encontraba, pero lo único que podía hacer por él era seguir queriéndolo sin reproches, sin preguntas, sin condiciones.
Javier se impresionó bastante, había descubierto que tras la muerte de su esposa podía seguir sintiendo los mismos sentimientos que antaño por todo aquel que le importaba. Notaba que el afecto por su padre había crecido a raíz de su acercamiento a él. En el momento en el que se planteó la oportunidad de verle, sabía que el cariño había suplantado la vergüenza que sentía por él, sabía que la distancia había avivado los sentimientos que en él estaban dormidos, su entusiasmo y la esperanza que palpaba se reflejaba en su cara. La verdad es que había avanzado bastante, se disponía a encaminar su vida, tenía ganas de luchar, necesidad de hacerlo, tan solo tenía 30 años y no podía rendirse, sobre todo ahora que sabía que el fallo y la debilidad de abandonar que su padre había sentido en su día, le habían condenado.

Carla permanecía un día tras otro en su recuerdo, pero el sentimiento de culpa e impotencia le golpeaba cada vez con menos intensidad. Yo disfrutaba de su compañía al máximo haciéndome ilusiones que no llegarían a cuajar, para mí era el morbo de uno de esos juegos de niños, aunque ya no le veía con los mismos ojos que antes, mi mirada exaltaba detalles puntuales que me hacían verle como un hombre, el hombre con el que soñaba compartir mi vida.
Nana seguía recordándome el cuento de la rana y el sapo, me animaba a confesarle mi amor callado, pero yo no estaba dispuesta a perder también al amigo, al primo, al compañero. Cuando me animaba a confesarle lo que sentía a su lado, el miedo a perderlo definitivamente me frenaba.
Papá sabía bastante de animales, siempre me decía que “Más vale pájaro en mano que ciento volando”, eso era justo lo que yo hacía, sujetar bien el pájaro de su amistad, de su compañía, mientras dejaba volar por mi cabeza el pájaro de su amor.


La semana que viene... Capítulo VII
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24 comentarios:

  1. Hola Amparo, aquí me tienes enganchada a tan magnífica novela. Me gusta muchísimo.
    Besos. Rosa.

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    1. Gracias por tu fidelidad a mis palabras Rosa, yo tambien estoy enganchada a tus visitas a mi blog.
      Besos

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  2. Excelente desarrollo; le imprimes mucha sensibilidad y sentimientos muy bien detallados. Me encantó la confidencialidad de Laura con la Nana, eso le da seguridad, claridad y amplitud en sus sentimientos. Javier sana una herida enfrentándose a la realidad de su padre.

    Amparo da gusto leerte...a la espera de una cuarta cuerda de sanación de la vida y de los sentimientos de Javier.

    Buen domingo en familia
    Un abrazo

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    1. Lo que esta claro Genessis es que la sensibilidad no puede faltar cuando hablamos de sentimientos, aunque a veces necesitemos sacarlos para tenerlos claros, del mismo modo que Laura.
      Me alegra que disfrutes leyendo mi novela y espero que de mi mano y de la de Laura encontremos las cuerdas a ver si se anima a componer.

      Buena semana !!!
      Un abrazo

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  3. Hola
    Vengo del blog de Patty
    Precioso sitio tienes, me alegra conocerte. Iremos intercambiando vivencias si quieres.
    Un beso

    Me quedo por acá.

    lujanfraix.blogspot.com

    Mi blog principal.

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    1. Encantada de tenerte por aquí Luján, y mucho mas si te trajo Patty, jjej
      Por supuesto que iremos intercambiando vivencias, a mi también me alegro conocerte.

      Un saludo desde Jaén

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  4. Hermosa novelas, impeganada de sensibilidad. A la espera del otro capitulo...

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    1. Gracias por demandar esos capítulos Marilyn, sin duda los tendrás y uno a uno descubrirás el desenlace del destino de Javier y Laura.

      Besos

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  5. hola Amparo,
    qué tristeza lo que ocurre con el padre de Javier, el alcohol es un mal terrible, que es difícil de salir del mismo. Pero Laura lo sabe tratar muy bien, en estos momentos Javier necesita de palabras de una amiga, y no el amor que ella siente por él como mujer. La novela se desarrolla muy bien, me gusta el tema. Sobre todo cuando la Nana y Laura se intimidan, se ganan confianza entre ambas y Laura se sincera profundamente ante la Nana.
    Estoy curiosa de saber si el padre toma tanto alcohol por culpabilidad o por otra razón...


    un abrazo^^

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    1. Efectivamente Rebecca, el alcohol no ahoga las penas, pero si ahoga lo mejor de ti anulandote por completo. En estos momentos Javier cuenta con esa amiga que necesita, siempre la tendrá, en cuanto a la relación de Nana con Laura, es muy especial, son como la misma persona, así que la mayoría de la veces no es necesario explicar lo que la mirada ya grita.
      Creo que en este caso no hay una razón para haber elegido ese camino del abandono consigo mismo, se perdió en un punto del camino y aún no se ha encontrado por debilidad.
      Los motivos, todos y ninguno.

      Un abrazo

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  6. Un placer saber de tu pluma todas las vicisitudes que esperan a Laura y Javier. Sin duda tu estilo engancha ¡me gusta!
    Besos.

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    1. André es un placer tenerte por aquí, me gusta que hayas sido atrapado por el día a día de Laura y Javier, eso me garantiza que volverás.

      Hasta el próximo capítulo

      Besos

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  7. Los siento muy frágiles aunque Javier arriesga más en conocerse que Laura que duda por todo, y desde luego, los apegos no son buenos, demuestran muchas carencias.

    Gracias. Besos.

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    1. Hola Ion, en efecto los dos son frágiles, Javier por el momento que atraviesa y Laura porque es mucho mas entregada que Javier a pesar de sus dudas, y esa entrega inevitablemente tiene satisfacciones y la posibilidad de rechazos, es ese posible rechazo el que hace dudar a Laura, pero ella sabe perfectamente lo que siente e intenta expresarlo cada día.

      Puede ser que los apegos demuestren carencias, pero todos tenemos necesidades especialmente la del afecto, y es lógico que cada cual la busque donde mas le pueda llenar interiormente.
      Laura es una chica entregada, que vive plenamente, que arriesga y que esta dispuesta a perder mientras mantiene la esperanza de poder ganar.

      Gracias por tu visita, te espero en el próximo capitulo

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  8. Excelente capitulo. El cuento de la rana y el sapo de gran ternura. El encuentro de Javier con el padre, pase de facturas y autocritica
    Espero la proxima cuerde de la guitarra
    un abrazo

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    1. Gracias por tu regreso Lapislazuli, encantada de que te guste el cuento, quise romper un poco el tópico de que el novio busque siempre a la novia, de que él sea el que decide a quien debe enamorar, es que la mujer no puede tener la opción de elegir sin esperar a que la inciten a ello??? mi cuento muestra que esa barrera que siempre ha tenido a la mujer a la espera del hombre, es tan absurda como la actitud del sapo que se paseaba frente a la rana, hay que arriesgar y si perdemos, a otra cosa mariposa.

      Tendrás tu próxima cuerda, un abrazo.

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  9. Vine tardecito porque necesitaba tiempo para que nadie me interrumpiera cuando leo a Javier y Laura jajajaja, ese cuento del sapo y la rana me ha encantado se lo leeré a alguien especial que necesita saber de esto y la novela sigue y sigue y yo detrás de ella creándome siempre la fantasía jajajaja besitos Amparo :**

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    1. Lo importante es que llegaste Patty, gracias por tomarte tu tiempo para leerme y así darte la oportunidad de disfrutar de la lectura, eso me demuestra que efectivamente te engancha.
      Estoy encantada de que compartas el cuento con alguien especial para ti, ojala le ayude a atravesar esa charca a pesar del fango que pueda haber y luchar por lo que quiere, arriesgarse por lo que desea sin esperar a que la vida se lo quiera dar.
      Por supuesto que sigue la novela, te espero en el próximo capitulo, espero mi reencuentro contigo.

      Besos

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  10. Amparo:

    Acabo de llegar a tu blog y he comenzado a leer esta historia en su capítulo VI y me ha interesado muchísismo; manejas muy bien las palabras y le das un perfil concreto a cada personaje creando un conjunto de relaciones humanas muy sensibles; cada personaje se enfrenta a su propia vida y tiene que luchar con ella.

    Genial apreciada amiga!!!

    Saludos desde Suecia.

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    1. Bienvenido a mi blog Gustavo, me alegro que estés interesado en mi escritura y en el desenlace de la novela, sin duda alguna es la mayor garantía de que te animes a volver.
      Te espero en el próximo capitulo.

      Saludos desde Jaén

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  11. He leido detenidamente este capitulo, es genial esa mezcla entre fantasía, realidad, reflexión, enseñanza. De principio a fin atrapas y eso es propio de un buen escritor.
    Rescato este fragmento:
    "No tengas miedo al rechazo mi niña,
    si tu sientes que tus sencaiones son fuertes,
    salta en busca de tu sapo,
    a pesar del fango que pueda haber
    en medio de vuestra relación."
    Buen fin de semana Amparo

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    1. Bueno Rosa, mi mas sincero agradecimiento por catalogar mis palabras como las de una buena escritora, para mi es un placer compartirlas con vosotros.
      Debe ser casualidad o tal vez no?? pero a mi también me encanta el cuento de la rana, y especialmente la frase que has resaltado, me alegra coincidir contigo.

      Buen fin de semana y te espero en el próximo capitulo que lo colgaré hoy mismo.

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  12. Voy entrando en la novela de nuevo, aunque nunca la he olvidado, tanto Javier como Carla, nos deja prendados.

    Sigo.

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    1. Pues gracias por seguir Cecy, te dejo que la disfrutes te esperan 2 capítulos hasta actualizarte, jeje

      Espero tu comentario, besos

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